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La puesta en escena de esta obra tuvo su concepción durante el proceso de escritura. Ésta reproduce la idea de minimalismo: remite a una instalación, dentro de la cual están insertos dos personajes. Un texto superpuesto en contraposición con una puesta escenográfica despojada. La desteatralización de la cotidianeidad. Un lugar incierto, muy blanco, donde dos personajes circulan y se apropian de este espacio indefinido. Un halo intempestivo y rígido marca sus movimientos, en la totalidad de un espacio en el que todo detalle está sumamente cuidado y elegido ocupando un lugar específico en su forma y función. Un teléfono, otro protragonista de la historia. Una vara de flores, único objeto manipulable, con la capacidad de transformarse en una caricia, un arma peligrosa, una palabra no dicha, un pensamiento. Una puesta minimalista interceptada con actuaciones no naturalistas ni realistas: el extrañamiento de lo común. Todo está a la vista: lo escondido toma dimensión y nos sumerje en la profundidad de querer ver lo que no se quiere mostrar.

domingo, 12 de octubre de 2008

Jimena Repetto de Revista Siamesa dijo:

Hay un sillón y un teléfono blanco. Dos mujeres, vestidas de negro y con zapatos rojos, de taco, se miran. Amanda (Maru Sussini ) y Gloria (Carla Vidal ) se conocen y mucho. Comparten sus tragedias, sus incomprensibles tragedias cotidianas. Pero ellas se comprenden. Esperar un llamado, la mirada de un extraño, una receta mal prescripta, pueden desencadenar en estos personajes un drama que les tensa el cuerpo y expande las voces. En este sentido, se destaca la dirección de Luz Lassizuk al lograr una coreografía perfecta de los cuerpos junto a un decir rítmico y efervescente.
Pero, más allá de la crisis del hecho, en la conversación cada detalle da pie a especulaciones magnánimas en las cuales se juega el amor y el desamor, la vida y la muerte. Mientras percibimos mediante las palabras que nada tan terrible ha pasado, nos reímos de que Amanda y Gloria puedan reaccionar de una manera tan trágica. Y si la risa ocurre es porque, a la vez, es tan común y cotidiano hacerse problema por nada, o, como dice el refrán, hundirse en un vaso de agua.
Hay algo sincero y a la vez revelador en la escena: la crisis por el desamor, tan cara al melodrama, en su desborde nos inunda a todos por igual, porque ¿quién no se ha sentido alguna vez angustiado por la espera o la indiferencia del ser amado?
Nunca es gracioso el desamor para quien padece soledades. Aunque sí para el espectador quien ve en estas mujeres el reflejo tragicómico de los propios padecimientos.
En la puesta de Me quedo contigo, hay una combinación certera de tres colores que resumen la obra. El blanco de la escenografía minimalista, deja que el teléfono, del mismo tono, nos remita directamente a los clásicos melodramas cinematográficos. Sobre este fondo, se destaca el negro de los vestidos, que contrasta con el rojo de los labios y los zapatos. Es que tal vez, en la conversación, los personajes hagan un duelo por el amor que se va, o se dilata. Y, a la vez, todavía estén dispuestas, con las boquitas pintadas, a seducir, o ser seducidas, por un próximo amor.

jueves, 9 de octubre de 2008

Silvia Sánchez Urite dijo:

“Reloj, no marques las horas”
Dos mujeres de alrededor de 30 años, maquilladas, lucen un clásico vestidito negro y están subidas a unos zapatos rojos de charol. Parecen estar vestidas para ir a bailar, pero no.
Están esperando un llamado, el que no llega. Una sale con un hombre casado, la otra tiene una relación imaginaria con un tipo misterioso. ¿Qué las une? La soledad. Y toda la serie de descabelladas hipótesis de por qué estos fulanos no las llaman.
Algunos diálogos resultan sospechosamente familiares si una ha estado en la situación de alguna de estas dos mujeres. Dice la del hombre casado: “Dijo delante de su familia que está enamorado de mí”. Dice la amiga: “¿Será casado, homosexual, cocainómano, asesino serial? ¿Por qué no me llama?”
Dos mujeres, dos miradas y la búsqueda infructuosa del amor, sin darse cuenta que hacen la elección equivocada. Se pierden en sus absurdos razonamientos que no son más que falacias. Como querer atrapar al amor en una jaula de cristal, pero el amor tiene alas y sabe escapar. Como en el teatro, como en la vida.
Las actuaciones de Carla Vidal y Maru Sussini brillan en su angustia, de ojos enrojecidos por la pena, con una iluminación finamente diseñada que aporta dramatismo. Son ellas dos y una sala en blanco. Ellas son un papel en blanco, en el que el amor quiere escribir, pero se le gastó la tinta.

domingo, 5 de octubre de 2008

Silvia Sánchez de Mundo Teatral dijo:

Mujeres de carne y hueso
Me quedo contigo: buenas actuaciones y buen texto para hablar otra vez de mujeres solas.
La escenografía hiper racionalista de Me quedo contigo, poco y nada tiene que ver con sus protagonistas: dos mujeres algo descentradas que se mueven en un espacio de líneas rectas firmes y blancas. Amanda y Gloria, las mujeres en cuestión, parecieran configurarse justamente por oposición a ese espacio que las contiene.
Es que se trata de chicas de treinta que están solas. Y para el imaginario colectivo, las chicas de treinta que están solas pueden ser cualquier cosa menos racionales.
La problemática hace rato que está instalada en el medio teatral, acaso desde Confesiones de mujeres de treinta, bautismo de lo que ya podría aspirar a la categoría de subgénero. De allí en más, la soltería femenina en edad de merecer ha sido abordada sobre todo desde el humor aunque por lo general y salvo honrosas excepciones, se trató de un desfiladero de lugares comunes.
Me quedo contigo tiene todos los ingredientes para caer en la trampa de la obviedad y sin embargo no solo no cae sino que resulta ser, un muy buen momento teatral.
En la puesta despojada que las actrices (Carla Vidal y Maru Sussini) idearon junto con Priscila Velasco y Luz Lassizuk, hay además de un sillón inmaculadamente blanco, un teléfono: objeto-icono de las que esperan desesperadamente el llamado (de un hombre, claro está) que no llega.
Salvo eso (por más creativo que uno sea, ¿cómo no ha de haber un teléfono en una puesta de chicas que quieren amor?), el resto es “originalidad”. Porque el texto está lejos de ser pretencioso y porque además está poblado de referencias que remiten a otros contextos discursivos los cuales puestos a funcionar en el universo femenino, lo alejan de lo previsible. Y cuando el texto habla con palabras del universo en cuestión, son las actuaciones las que le otorgan ese “aire de rareza” que se agradece profundamente.
En Me quedo contigo, la pieza que se presenta en el Camarín de las musas, la desmesura femenina aparece de manera delicada. Como suele suceder con las chicas de treinta de carne y hueso.

jueves, 2 de octubre de 2008

Nepo Sandkuhl dijo:

O CASI TODO...
Me quedo contigo
En un espacio blanco, donde la pureza no puede ser emancillada, están dos mujeres vestidas de negro, una de ellas carga con una flor, ambas esperan un llamado telefónico, ambas esperan a su supuesto amado, ambas esperan que la otra le comprenda y le ayude, ambas se esperan... Esto es “Me quedo contigo”, bajo la dirección de Luz Lassizuky.
La idea es sobre la mujer y desde la mujer que espera algo o a alguien, en esa espera se comenta ciertos incidentes y problemas que están por llegar o que llegaron... o mejor aún, que nunca llegarán; algo les pasa a los personajes de Gloria y Amanda en esa espera, pero nunca sabremos que.
Esta puesta en escena intenta crear atmósferas construidas desde el interior de los personajes, contando las anécdotas de ellas y relatando hechos sucedidos anteriormente. Es una puesta en escena donde la música, que está bien instalada, crea más atmósfera que todo el conjunto en escena. Carla Vidal y Maru Sussini son las responsables de defender el trabajo desde la escena con sus interpretaciones.
“Me quedo contigo” está los domingos a las 20:00 en “El Camarín de las musas” (Mario Bravo 960)

miércoles, 1 de octubre de 2008